viernes, 6 de febrero de 2009

El índice de masa corporal

El otro día Francisca M entró a la consulta un poco más triste de lo normal: nos conocemos desde hace años y la encontré preocupada. Comentaba que había cogido algún kilillo de más (“las Navidades, ya se sabe”), y eso le tenia cabizbaja. Desde que iniciamos su plan de tratamiento establecimos como una de las prioridades la pérdida de peso. Se sorprendió mucho, ya que desconocía que adelgazando podría mejorar su asma.
Antiguamente podíamos saber si estábamos obesos (“gordo” no es tan políticamente correcto), normales o delgados haciendo un cálculo rápido quitando “algún kilo” a nuestra estatura. Francisca, que mide “un metro y medio” según ella misma comenta sonriendo, debería pesar “entre 45 o 50 kilos”.
Los tiempos cambian, que diría Bob Dylan, y se complican, que digo yo. Actualmente usamos el índice de masa corporal (IMC) para el cálculo de nuestro peso ideal. Hay que dividir el peso en kilos entre la superficie corporal (o más fácil todavía usando una calculadora del índice de masa corporal). O sea, que Francisca con sus 62 kilos estaba en sobrepeso grado 2 o preobesidad. Tendría que pesar desde 41,6 a 56. Seis kilos era el peaje navideño, de ahí su lógica preocupación.
Manuel Uribe fue declarado como el hombre más gordo del mundo en 2007 según el libro Guinness de los records: llegó a pesar 561 kilos (aunque parece que consiguió rebajar más de 200 kilos)
Para andar por casa, una persona está en su peso normal si su índice de masa corporal es menor de 25, está en sobrepeso si su IMC es de 25 a 29.9, y es obeso si está en 30 o más.
Intentando comprobar la relación entre la obesidad y la frecuencia de asma, se revisaron muchos estudios sobre el tema y se comprobó que hay más asmáticos cuanto más aumente el peso. Esto dicho con matices según sexo y raza, ya que es más cierto en mujeres que en hombres y más todavía en afroamericanas, que sufren asma con mayor frecuencia, tienen que ir más veces a la consulta del médico y a urgencias por su asma. Hay una fuerte evidencia de que el riesgo de aparición de asma en el adulto aumenta cuando se incrementa el índice de masa corporal. Dicho de forma más simple: cuanto más gordo, mayor riesgo de padecer asma en el adulto. Hasta 250.000 casos de asma de inicio en el adulto en Estados Unidos podrían ser atribuidos al sobrepeso y la obesidad.
La conclusión es obvia: si bajamos el peso no solo disminuiremos la tensión arterial, el colesterol y los triglicéridos, sino también podríamos reducir los casos de asma.

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